septiembre 06, 2016

El Príncipe del Mar




Aquel cuartito de Octavio era un caprichoso museo de exquisitos despojos femeniles. Allí se encontraban trofeos de todas las conquistas, laureles de todos los triunfos. Pero, ni la cajita de palo de rosa, donde alguien había sorprendido el oculto tesoro de la más hermosa y rubia y ondulante cabellera; ni el fino pañuelo de batista que ostentaba una corona de marquesa por blasón; ni el abanico de blonda y nácar, evocador de cierta leyenda sangrienta; ni la blanca liga de desposada…; ni los dos antifaces, negro y rojo el uno, rojo y negro el otro, que aún parecían conservar, frente a frente, la misma actitud hostil que una noche adoptaron al encontrarse en aquella misma alcoba sus respectivas dueñas; ni la sugestiva zapatilla azul que Octavio no tocaba sin besar, digna del breve pie de la Cenicienta; nada, nada mortificaba tanto mi curiosidad como la sarta de lindos caracolitos guardada devotamente en rico estuche de marfil. ¿Acaso este ateo impenitente abrigaba la cándida superstición de los amuletos? Una noche, por fin, interrogué a Octavio:



-¿Y esto?

-¿Eso?… ¡Ay! Es una historia bien triste la que me pides, la historia de un amor irreal.

Miré con extrañeza a mi amigo.

-¿Te sorprende la palabra en mis labios?

-¿A qué ocultártelo?

-Pues, escucha: Todas las tardes ella bajaba a la playa allí acudía yo tan sólo por verla saltar descalza, de roca en roca, hasta alcanzar el abrupto peñón que se erguía en el mar, casi a la orilla, frontero al viejo torreón del castillo. Y poniendo aquel soberbio pedestal a su temprana hermosura, se hacía contemplar de las ondas, de las ondas a las que ella hablaba con la gracia y la majestad de una reina enamorada.

-¿Qué les confiaba? 

-No sé. Sin duda, embajadas de amor que las coquetuelas, modulando su canción de espuma, corrían alegres y presurosas a recibir, y presurosas y alegres se llevaban. 

Una tarde… ¡Oh!, ¡estaba más bella que nunca! Su flotante cabellera blonda parecía llenar el aire de átomos de oro, y en el azul de sus grandes pupilas se reflejaba algo de la imponente y bravía inmensidad del mar. Traía al cuello esa sarta de caracolitos que ha sido aguijón de tu curiosidad. Vino a mí, se sentó a mi lado sobre el césped, y me dijo:

-¿Sabes que me llaman loca?

-¿Quién?

-Ellas, las envidiosas, las que odian mis cabellos porque él los besa, y mis ojos porque él se mira en ellos.

-¿Él?

-Sí, el Príncipe del mar, mi novio. 

Y al decir así, sacudió con arrogancia sus cabellos

-Cuéntame tus amores, preciosa niña.

Miróme breves instantes en silencio; después, con acento que mi recuerdo doloroso convertía en murmullo, me contó:

-Tú sabes que la tarde que enterraron a mi pobre madrecita quedé sola, sola en el mundo. Yo estaba muy triste, y una noche, para llorar con más desahogo, vine a orillas del mar y aquí caí dormida. Súpolo el Príncipe, y en su carro de perlas tirado por cuatro tritones acudió a consolarme. Me rogó que no sufriera y me dijo que yo era muy bonita y que él se casaría conmigo

-¿Cuándo es la boda?

-No sé; ¡mucho tarda ya esa hora de suprema ventura! ¡Oh!, ¡esperar!… ¡Qué duro es esperar cuando el tiempo no marcha con la violencia que palpita el corazón!Y mientras exclamaba así, miraba con sus grandes pupilas azules las ondas que alegres murmuraban su canción.

-¿Por qué esperar?
-Mi palacio aún no está concluido. Un palacio hermosísimo de granito más blanco que el mármol, con galerías de nácar, grutas de perlas y bosques inmensos de coral. Serán mis pajes los delfines y las ondinas mis doncellas. ¡Qué feliz voy a ser! ¿No es verdad?
-Sí, muy feliz

-Todas las noches durante mi sueño viene el Príncipe a visitarme. ¿Ves estos caracolitos? Cuentan las veces que nos encontramos. Tengo muchos, muchos; ellos alfombran mi cabaña. Hoy estamos a trece y ya tengo doce. 

Después prosiguió como en un ensueño: 

-Mi Príncipe, ¡cuán bello es! Tiene la cabellera negra y ensortijada, la frente pálida y hermosa, los ojos tristes y soñadores, el pecho alto y vigoroso, el talle elegante y fino, el ademán firme y cortés. Cuando cierro los ojos y le contemplo tan bello, siento impulsos de correr a su encuentro y lanzarme al mar…

-Te ahogarías.

-No. Los tritones me recogerían y en su carro conduciríanme al palacio; pero temo que mi Príncipe se enoje. 

Y se alejó susurrando dulcemente un canto de amor. Tres días después ocurrió el hecho fatal. Corrí a la playa donde yacía tendida sobre el abrupto peñón que tantas veces había servido de soberbio pedestal a su hermosura. Un hilo de sangre corríale por la sien y manchaba de púrpura el oro de sus cabellos; por sus labios amoratados parecía aún vagar una sonrisa, sonrisa de mujer enamorada que corre al encuentro del amado, y del cándido cuello pendía la sarta de caracolitos que habían marcado las horas felices de aquel mes. Los conté: ¡doce! ¡Eran los mismos que me había enseñado! Desde aquel día no había vuelto el Príncipe y la visionaria se había lanzado al mar en su busca. 

Fabio Federico Fiallo

septiembre 19, 2013

Perfecta Obsesión


Mariana se sentía inadecuada, incapaz de seguir siendo la niña buena que nunca podía ser lo suficientemente perfecta como para complacer del todo a su madre pluscuamperfecta. 

A pesar de que acababa de cumplir los 15 años, ya su vida era demasiado complicada para ella: perder a su padre, con quien era el único que podía ser ella misma; perder a sus amigas, cambiar de país, de idioma, de escuela y de cultura fueron hechos a los que con gran esfuerzo pudo sobrevivir. Pero hubo algo que no pudo soportar: que su amado Juan la cambiara por esa rubia oxigenada, arrogante, de cuerpo perfecto y con aires de condesa que nunca le agradó. 

Empezó a cuestionar sus porqués y llegó a la conclusión de que si sólo perdiera esas 10 libras de más podría encajar perfectamente en uno de esos minúsculos vestidos que constituían el guardarropa de su odiada contrincante y reconquistaría el corazón de su príncipe azul. Era sólo cuestión de suprimir de la dieta los carbohidratos y grasas y hacer un poco más de ejercicio.

Cuando logró su propósito de alcanzar el peso ideal no pudo parar. Controlarse a sí misma se había convertido en lo único que le daba un poco de sentido a su vida, que le hacia sentir exitosa. Así empezó una dura batalla consigo misma, cargada de rigidez y autorreproches. 

Nunca estaba lo suficientemente delgada, tenía una obsesión por la comida, contaba cada caloría, pesaba cada onza de alimento, su menú se había resumido en lechuga y agua una vez al día. Sin embargo, le encantaba cocinar, tenía 10 libros de cocina y estimulaba a los demás a comer, pero ella se resistía a hacerlo alegando que el olor de la comida le había quitado el apetito y que comería más tarde. 

Caminaba dos horas en la mañana, hacía aeróbicos en la tarde y usaba la bicicleta estacionaria en la noche. Claro está, eso no era suficiente, “limpiaba” su colon cada 3 días con enemas de picosulfato de sodio y tomaba diariamente esas maravillosas pastillas chinas para adelgazar.

Ninguno de los ruegos, pleitos o exigencias de su madre le harían entrar en razón. Había encontrado una razón para vivir, autoafirmarse y sentirse fuerte. Era su mundo y nadie más tendría lugar. Allí reinaba, dirigía y gobernaba sólo ella. Eso no era negociable.

A pesar de su más que evidente deterioro físico y de pesar sólo 100 libras en sus 1.70 metros de estatura, el espejo se empeñaba en indicar que aún había áreas que mejorar y no pararía hasta conseguirlo. Aún estaba un poco gorda, especialmente de glúteos y cadera.

Si algo tenía de bueno todo esto era que ya no tenía que soportar cada mes esa dolorosa y desastrosa menstruación, a la que consideraba el peor de los castigos que Dios pudo dar a las mujeres por culpa de Eva, a quien nunca conoció y que seguro, además de desobediente, debió ser gorda para que Dios la tratara tan duramente por no tener fuerza de voluntad.

Ocultaba su delgadez y palidez con maquillaje y ropa ancha. Sentía mareos, cólicos abdominales y debilidad, pero ese era el costo de estar bella y prefería pagarlo antes de volver a ser la “gorda grasienta y fea” que fue dos años atrás cuando el estúpido de Juan despreció su amor. Trataba de ocultar su escurridiza femineidad pues el tema, luego del incidente, había dejado de importarle.

Decidió tomar el control de su propia vida. Se alejó de todo y de todos y se encerró en su propio mundo. Nadie la entendió nunca y ahora no necesitaba que nadie lo hiciera. Ahora su centro de atención era ella misma y sus grandes logros...

abril 08, 2011

Hasta Pronto Abuelita

Hoy volví a tu lugar, a tu casa, pero no estabas. Por un momento esperé verte otra vez, llegar y preguntar como siempre: "¿quién llegó?", pero en lugar de tu respuesta habitual sólo encontré tu ausencia, tu inexistencia.

En tu lugar sólo había mucha gente que se empeñaba en hacer una oración a destiempo por tu alma. Pero ya no es necesario, ya no estás. Te fuiste con el Señor, estás a su lado pues moriste en su presencia.

Te busqué. Te esperé. Te llamé en silencio, pero sólo respondió tu ausencia, esa ausencia a la que no me acostumbro, que no asimilo, que no quiero aceptar. Esperaba que fuera un espejismo. No fue así. Ya no estás y eso duele, duele mucho más de lo que podía esperar.

Ni aún el estar ahí, en el preámbulo de tu partida, luchando por retenerte, viviendo tu dolor, tu agonía, tu dolorosa y lenta despedida, sintiéndome impotente y cuestionándome por no poder hacer nada para evitar tu viaje a la eternidad o al menos hacerlo menos doloroso. Ni siquiera eso fue suficiente para prepararme para tu partida. Nunca estás listo para tanto dolor.

El tiempo se detuvo a tus 97 años, 1 mes y 11 días. Se detuvo para ti, pero también para mi.

A veces me siento congelada en el tiempo y quiero retornar a los días en que reías a carcajadas con mis ocurrencias, en que estabas aquí, en que me mirabas con tus ojos azules como el cielo y reías con ganas.

Quiero despertar y sentir que esto es sólo una cruel pesadilla. Quiero llegar y encontrarte en tu silla de ruedas, en tu cama; decir "saludos para los viejos" y que me digas que te gusta mi peinado o mi ropa, pero que no ves, que es sólo un rayo de luz momentáneo que entró en tus ojos.

Siento que pude hacer más, que no fue suficiente el cuidado que te di, el amor que te expresé, los besos que deposité en tus mejillas, las visitas que te hice. Nada me prepara para tu ausencia, nada hará que regreses de tu morada celestial.

Ya no estás. Te llevaste un pedazo de mi corazón contigo. Has partido y eso es algo que debo entender, aceptar, asimilar. Pero es difícil, duele mucho. Debo dejarte ir, debo decir hasta pronto abuelita.

Te extraño mucho y te amo mucho más.


abril 01, 2009

Sueños

Sueño contigo,
con tu amor, con lo que pueda ser, con lo que pueda haber, con tu calor.

Sueño contigo,
con tu voz, con tu tierna mirada, con tu risa enamorada, con tu sabor.

Sueño contigo,
con que un día no muy lejano pueda decirte cuánto te amo y que pueda sentir entre tus brazos, la seguridad que surge de un abrazo.

Sueño contigo,
con tus caricias, pero sólo de ti tengo la ausencia que reclama impaciente tu presencia, que anhela tu sonrisa.

Sueño contigo
y sólo pregunto al corazón si es que puede existir una razón que me ate a ti sin ton ni son, sin pedir siquiera explicación.

Sueño contigo
y me pregunto si algún día podrá ser realidad mi fantasía o sólo será una utopía que se convertirá en melancolía.

Sueño contigo
y anhelo intensamente que me ames, que me hables al oído, que me llames, que me digas que sientes por mi amor y que esto es mucho más que una ilusión.

Sueño contigo
y me resisto a oír a la razón que dice que no sientes por mi amor, que le grita con fuerza al corazón que recuerde que son sueños

¿Sueños son?


febrero 06, 2009

Anhelo de Amor


El amor es diferente a nuestros cuentos de hadas, 
no es la vida bella y plena como ayer nos la pintaban,
no es el sueño de princesas que de un beso despertaban,
sino es vida de dolores y de desazón manchada.

Cuando niña un gran amor en mi vida yo anhelaba,
lo he buscado intensamente, pero no he encontrado nada,
nada más que desamores que me han dejado frustrada 
y con un gran desacierto, con el alma atormentada.

Busqué amor en muchas bocas y decenas de miradas.
Buscaba sólo cariño y sentirme deseada.
Buscaba un amor sincero que no me exigiera nada,
que me hiciera sentir plena, viva, hermosa y adorada.

Que no ponga condiciones más que dejar que me amara. 
Pero sólo larga espera ha venido a mi morada.
¿Será que a sólo esperar yo me encuentro condenada?
¿O debo seguir en vela por si acaso un día llegara?

Sólo sé que el tiempo pasa y aquí me encuentro varada
esperando, deseando que el amor se aproximara
a iluminarme la vida con floridas pinceladas,
con colores, con sonrisas, con abrazos, con palabras.

Sólo me resta esperar de mi Dios una mirada,
que recuerde un corazón que aún espera en desvelada
a un amor que se aproxime a sacarlo de la nada
y a llenarlo finalmente de la dicha deseada.

marzo 07, 2003

Sola, Herida y Vencida

Sola, herida y vencida,
recojo poco a poco pedazos de mi vida
creyendo que este sueño no es una pesadilla, 
que ya abriré los ojos, que duermo todavía.

Sola, herida y vencida,
mirando que a lo lejos su amor se debilita,
derramando mi llanto por la crueldad vivida
porque su amor no existe y es sólo una mentira.

Sola, herida y vencida,
sintiendo como quedo sin nadie en compañía,
viéndome llena el alma de múltiples heridas, 
descubriendo la forma en que me venció la vida. 

Sola, herida y vencida,
deseando que esto pase, que no me vuelva encima
a taladrarme el alma con muchas más mentiras,
a no robar mis sueños, mis noches y mis días.

Sola, herida y vencida, 
sólo le pido a Cristo su dulce compañía,
sentir su mano santa curando mis heridas
y que nunca más diga que me siento vencida.

Sola, herida y vencida,
vuelvo a los pies de Cristo, me humillo arrepentida,
le entrego mis dolores, soledades y heridas,
le pido con vehemencia: "devuélveme la vida".

Sola, herida y vencida,
ya siento que me escucha, que vuelve a mí la vida,
que rompe mis silencios, devuelve mi alegría,
que acaba con mi llanto, que siento todavía.

Ya no me siento sola, ya no me siento herida,
no siento que me vencen, hoy tengo nueva vida
porque Jesús renueva a todos cada día
y nunca más me deja sola, herida y vencida.



julio 30, 2001

Triste Soledad


Hoy la tristeza toca a mi puerta. No encuentra espacio para avanzar. 
El paso libre tiene adelante donde le espera la soledad.

Ambas se unen en mis adentros llenando lo que a su paso está, 
dejando en mí una gran miseria y pocas fuerzas para luchar.

Salgo a la calle, veo mucha gente, voy entre ellas, les veo pasar, 
pero son sólo muchos extraños. Todo parece falso, irreal. 

Siento que vivo a gran distancia del vasto mundo en que inmersa estoy 
y que mi entorno, lo circundante, es espejismo, falsa ilusión.

Siento un gran frío dentro del alma, hondas estelas de gran dolor, 
de gran tristeza y desesperanza, melancolía, vacío y temor.

Temo a lo triste que estoy por dentro. Le temo al frío, a la soledad. 
Temo al desierto de mis adentros. Le temo a lo que pueda pasar.

Quiero librarme de este vacío que me produce la soledad. 
Quiero ser libre de esta tristeza que me ha robado toda la paz.

Quiero llenarme de tantas cosas. Quiero ser libre y fuerte gritar 
que hay un espacio dentro de mi alma que necesito de amor llenar;

Llenar de sueños y de esperanza;  llenar de alivio, de gozo y paz; 
llenar de hermosos, dulces momentos, de mucha fuerza y felicidad.

Y saturarme de fantasías, que todo tenga vida y color, 
que nunca vuelva la cruel tristeza, que nunca diga qué sola estoy.

Mas mientras llega a mi ese momento, por el que ansiosa voy a esperar, 
yo me resigno a la larga espera con mi tristeza y mi soledad. 

diciembre 30, 1996

Sombras


Muchas veces siento que todo está oscuro,
que miro a mi entorno y nada percibo, 
que ayer todo vivo, radiante, divino
se nubla de pronto arrastrando conmigo.

Hasta el día de ayer todo estaba claro,
estaba segura de mi identidad,
de mis ilusiones, de mis fantasías,
de lo que pensaba y lo que sentía.

Hoy por el contrario, despierto, me miro
¿Quién eres?-me digo. No sé contestar,
pues lo que hasta ahora valía más que nada
no es más que un estorbo en mi caminar.

Es como si entraras a un lugar extraño,
lejano, distinto, distante, sin par.
Es como si a cada pisada que dieras
ya no te importara lo que queda atrás.

Como si empezaras una nueva historia
que a cada segundo volviese a empezar 
y a cada segundo también terminase
tan pronto que sólo lo puedes notar.

Y ante el desconcierto de una nueva historia
preguntas si sólo a ti ocurrirá
o si todo el mundo, en algún instante,
perdido entre sombras también vivirá.